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San Froilán y la Virgen del Camino

viernes, 02 de octubre de 2020

En la tierra leonesa, el 5 de octubre es una festividad litúrgica de un intenso fervor religioso y una jornada romera de un acusado sabor tradicional. Y esto es así porque el día de San Froilán, patrono de la diócesis, tiene a la Virgen del Camino como punto de encuentro y epicentro de sentidas motivaciones espirituales y sentimentales.

            San Froilán, que vivió entre los siglos IX y X, nace en Regueiro dos Hortos, un barrio de Lugo, el año 832. Según la tradición, Frodano y Froila fueron sus padres, que eran personas piadosas y acomodadas. Cursó sus primeros estudios en la Escuela de la Catedral lucense. A los 18 años se refugia en una gruta de Ruitelán, población sita más allá de Villafranca del Bierzo, muy cercana a Vega de Valcarce. De allí pasa a las montañas del Curueño, donde se encuentra con Atilano, presbítero aragonés de Tarazona, luego obispo de Zamora. La tradición señala como su lugar de residencia una cueva situada en Valdorria, hoy convertida en capilla o ermita. Luego, Froilán funda en Valdecésar su primer monasterio, y tras el triunfo obtenido en la decisiva batalla de la Polvoraria o Polvorosa, en el año 878, por Alfonso III el Magno sobre los musulmanes a las orillas del río Órbigo, cerca de Benavente, recibe la llamada del monarca que le encarga la repoblación del Duero. En Tábara y en Moreruela, en tierras zamoranas, Froilán fundará dos monasterios muy famosos durante el Medievo.

            En el año 900 queda vacante la silla episcopal de León. Entonces, el pueblo levanta la voz a favor del “célebre anacoreta de las montañas de León”. Alfonso III escucha la aclamación popular. Y el 5 de junio del mencionado año 900, festividad de Pentecostés, Froilán es consagrado obispo de León por el rito mozárabe. Su pontificado duró sólo cinco años.

            La emotiva ceremonia, entre otras, está recogida en el retablo de la capilla mayor de nuestra S. I. Catedral. Allí, tres grandes tableros o paños, que son obra de Nicolás Francés, representan a San Froilán sometiéndose a la prueba de la brasa, señal que le corroboró favorablemente la llamada de Dios al ministerio de la predicación; la visita de Alfonso III el Magno a San Froilán en el monasterio de Moreruela para proponerle su designación al episcopado a petición del pueblo leonés; y la consagración de San Froilán como obispo de León.

            En la vida de San Froilán está firmemente incardinada la figura de Alfonso III, quien, victorioso durante más de cuatro décadas, fijó la frontera del Reino en el Duero. Tomando a préstamo las palabras de D. Antonio Viñayo, “Alfonso III el Magno es el sol que iluminó el nacimiento del nuevo Reino [de León]. En el 866, a la muerte de su padre, [Ordoño I] se coronó rey de Asturias, Alfonso III, a quien la historia da el título de “El Magno”, por sus notables cualidades humanas y victorias. Su reinado fue un continuo y triunfante guerrear contra los musulmanes cordobeses”. Casado con Jimena de Navarra, sigue diciendo D. Antonio Viñayo, “dolido y abrumado, trató de evitar la guerra con sus hijos, se retiró a su palacio de Boides (cerca de Valdediós) y allí renunció al Reino, que se dividió en tres, uno para cada uno de sus hijos mayores: León para García, Galicia para Ordoño y Asturias para Fruela. Ocurría al final de 909. (…) En Zamora, lugar de sus grandes triunfos, [Alfonso III el Magno] cayó enfermo y allí falleció, a los cincuenta y ocho años, el 20 de diciembre de 910. Su cadáver fue inhumado en Astorga y, después, trasladado a Oviedo, donde yace en el Panteón Real de la catedral del Principado”. [Reino de León, 2010, pg. 7, 9 y 10].

            Concluido este excurso, a mi juicio necesario para comprender mejor la figura de nuestro patrono diocesano, digamos que San Froilán falleció el 5 de octubre de 905. Tenía setenta y tres años. Según el Breviario Gótico Legionense, obra de las postrimerías del siglo XII, “su cadáver fue sepultado  en el mausoleo que para sí tenía reservado el rey Alonso [Alfonso III] en la sede legionense”. Sus cenizas reposan en el altar mayor de nuestra S.I. Catedral, en un arca de 1635, obra de los plateros Jerónimo de Neira y Juan de Candanedo.  La Arqueta de San Froilán, primorosa pieza de Enrique de Arfe del año 1519, se exhibe en el museo catedralicio-diocesano desde 1998. 

            A Froilán se le atribuye el don de la profecía, porque él mismo anunció el día de su óbito. La leyenda, por tanto, adorna también su vida. La referencia del lobo que narra fray Bernardo de la Peña tomada de su obra “Santos de la Orden de San Benito” es la más famosa. Dice así: “Caminaba el Santo para ir a predicar a un lugar en donde le esperaba numeroso público (…), y apartándose a tener oración, antes del alba, dejó solo un jumento en que llevaba sus libricos, ricas alhajas de sabios y pobreza de ignorantes. Salió un lobo de lo cerrado del monte y haciendo presa en el animalejo se lo comió, dejando al Santo sin ayuda para llevar la carga. Llegó el Santo a tiempo que el feroz animal estaba en lo cruento de su maleficio y riñóle, diciendo: “Pues me quitaste el alivio que tenía para llevar mi valija, servirás de hoy en adelante, en su lugar rendido”. Con esto puso al lobo los aparejos del pollino, y, cargándole las alforjas, comenzó a caminar y de esta suerte le trajo muchos días aprovechando a muchos que viendo [que] hasta las fieras sujetas a la palabra del Santo, ejecutaban obedientes, cuanto en los sermones decía”.

            ¿Qué valor crítico tiene este milagro? se pregunta D. José González, ilustre sacerdote, historiador leonés y biógrafo del prelado, que lo reproduce en su obra “San Froilán de León” [1946, pg. 78 y 79]. Y él mismo se responde: “Para nosotros, escaso, casi nulo. No lo cuenta Juan Diácono  y era natural que un milagro de esta catadura, no fuera silenciado”. Y después añade: “A los santos del calibre de San Froilán, no les hace falta la aureola de las milagrerías, ni el oropel de las leyendas. Se bastan por sí mismos con su vida diáfana como nos la cuenta Juan Diácono. ¿Qué más milagro que el portento de su vocación, el salir sin mancha de su vida eremítica, peligrosa y dura, su celo por la salvación de las almas, su labor monástica y colonizadora, su humildad reconocida…?”

            Sea como fuere, la leyenda de San Froilán tiene ya registros universales. Julio Llamazares, en su obra “El río del olvido”, [1990, pg. 104 y 105], lo recuerda de esta manera en el capítulo titulado “La ermita de San Froilán”: “Lo único que hoy queda de todo aquello  - aparte, claro está, de la ermita y la leyenda -, es el romance del lobo que al viajero le enseñaron en la escuela, la tradición de las rogativas que hasta aquí traen en procesión, con los pendones al viento, cada primero de mayo, a todos los vecinos de los pueblos del Curueño y los trescientos sesenta y cinco peldaños excavados en la roca (uno por cada día del año, según dice la leyenda) que el viajero ha tenido que subir para llegar hasta el alto de la peña”. 

            En el año 920, Juan Diácono escribió la biografía de San Froilán. Está inserta en la Biblia Mozárabe o Gótica del siglo X, entre los libros de Job y Tobías. Algunos autores sostienen que esta Biblia sirvió de fuente de inspiración a Picasso para pintar el Guernica. Al margen de ello, recordemos que San Froilán y la leyenda del lobo tienen registro también en el Coro alto del Rey de nuestra S. I. Catedral. Asimismo, entre otros motivos de la vida del santo, en la puerta del lado sur del santuario de la Virgen del Camino, donde los leoneses han hecho tradición acariciar la nariz de la efigie de San Froilán que allí se encuentra.  

            El 5 de octubre de 1954 se impuso a la Virgen del Camino la Medalla de Oro y Brillantes de la Excma. Diputación de León, a propuesta de su Presidente, Ramón Cañas del Río, datada con fecha 9 de julio de 1954. Costeada exclusivamente por la Institución Provincial, las características fundamentales de la señalada medalla, y detalladas en dicha propuesta, son éstas: “Escudo de León. Bajo corona imperial y centrando el campo en el anverso el león rampante igualmente coronado. En la bordura diez estrellas de diamante, simbolizando los diez partidos judiciales y también los diez santuarios marianos más famosos de la provincia, uno por cada Partido. En latín un texto superior que diga: “LEÓN. CABEZA IMPERIAL DE ESPAÑA”. En el reverso los nombres de los diez santuarios y la dedicatoria: LA TIERRA DE LEÓN A SU PATRONA. AÑO MARIANO. 1954”. 

            La festividad litúrgica de San Froilán, patrono de la diócesis legionense, tiene su centro de gravedad en la Basílica de la Virgen del Camino. Todo es fruto de la religiosidad popular. En tan señalada fecha, la adquisición de los “perdones”, es decir, de las típicas avellanas, resulta un testimonio irrefutable de asistencia a jornada tan devocional como romera que, por otro lado, es patrimonio cultural de todos los leoneses.  De ello, ya dejó ya constancia la Pícara Justina con esta afirmación: “en esta tierra es uso llamar perdones todo lo que se da en romería, porque se tiene por devoción, como si fuera pan bendito”. [La Pícara Justina, 1991, pg. 322].

            Manifiestamente, en tierras leonesas, cada 5 de octubre es un fervoroso poema mariano incardinado plenamente en la vida leonesa.

 

Máximo CAYÓN DIÉGUEZ

Cronista Oficial de la ciudad de León

 

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