Noticias y Eventos : Exposición de artistas leoneses
Exposición de artistas leoneses

comienzo: 29/07/2020 10:00 - fin: 30/09/2020 23:00

FESTIVAL “LEÓN, CUNA DEL PARLAMENTARISMO”
 
Exposición de artistas leoneses en el patio del IES Juan del Enzina con motivo del Festival de Verano León Cuna del Parlamentarismo. Participan siete escultores y nueve fotógrafos:
Amancio González, escultura.
Amando Casado, fotografía.
Carmen Coque, fotografía.
Conrado, escultura.
Cosme Paredes, escultura.
Javier Robles, escultura.
Jesús F. Salvadores, fotografía.
José Luis Casas, escultura.
Juan Carlos Uriarte, escultura.
Julia D. Velázquez, fotografía.
Julia González Liébana, fotografía.
Marc GreenBase, fotografía.
Mario Castro Baro, fotografía.
Santocildes, escultura.
Sebastián Román, fotografía.
Vega, fotografía.

Las fotografías van producidas en lona y colocadas en diferentes partes de la fachada del instituto, sin que interfieran en la actividad normal del centro, las esculturas irán situadas en una parte del patio habilitada para tal efecto.
Amancio González
Aunque buena parte de su corpus escultórico haya sido ejecutado en madera, en la última década Amancio ha ido experimentando con otros materiales inéditos hasta entonces en su trabajo. Además del modelado en barro o en cera, para ser posteriormente fundido en bronce, quizás su mayor preocupación en la actualidad se haya centrado en el hierro, a veces trabajado con soldadura, o, en otras ocasiones, combinado con la madera para generar un contraste visual singular entre los materiales utilizados. Esta nueva estrategia técnica también ha abierto una nueva dimensión discursiva en su forma de crear. Evidentemente, estos procesos inversos a la talla, que suponen la creación del volumen mediante la adición de elementos –como la soldadura de varillas de acero–, frente a la sustracción paulatina del volumen sobrante cuando trabaja en madera, le ha ayudado a adquirir dimensiones y posibilidades plásticas inéditas. Así, la sensación de ligereza e ingravidez que imprime a sus figuras forjadas y soldadas (que en muchos casos parecen suspendidas en el aire) se contrapone a la propia condición del hierro como material pesado. Y al contrario, en otras ocasiones, es la madera tallada la que intenta emularla textura y la pesantez del hierro. De este modo, Amancio consigue trasladar al soporte ideas que, a veces, se congracian con el material con el que trabaja pero que, a menudo, también lo contradicen en una suerte de juego dialéctico, de miradas cruzadas entre el concepto, la técnica y el material que da visibilidad a las formas.
En muchas de sus obras el hierro se limitaba a crear el espacio alrededor de la figura, trabajado en arista viva para enmarcar el entorno (generalmente cúbico o cuadrangular) con el que la figura interactúa. Pero, en otras ocasiones, es el propio metal el que adquiere una apariencia celular y biológica para construir formas humanas. Frente a la solidez del bloque de madera, el metal se atomiza ahora en direcciones circulatorias que generan estructuras semitransparentes, otorgando cualidades e irregularidades orgánicas a un elemento que a priori resulta tan lineal y regular como la varilla de acero corrugado. De una u otra forma, para la construcción de esas metáforas visuales que encarnan las energías vitales del ser humano, trasunto de los estados de ánimo y psicológicos del individuo, Amancio González se ha servido con asiduidad de imaginarios clásicos como los bestiarios medievales o la iconografía de personajes propios de la mitología griega como Sísifo, Ícaro, Prometeo o Leteo. Estas referencias clásicas encierran una fuerte dimensión simbólica al incorporar estos mitos a la esfera contemporánea, reactualizándolos y renovándolos bajo un prisma de interpretación inédito. Así, no es raro encontrar entre sus personajes seres híbridos, como hombres alados, centauros, minotauros, hombres lagarto o tritones, que encarnan, en el fondo, un cierto grado de monstruosidad inherente a la misma naturaleza humana.
 
Amando Casado
A los 12 años, Chicles May le regaló una cámara por completar un álbum de cromos. “Ahí empecé, soy autodidacta cien por cien”. Para tener su primera moto tuvo que esperar un poco más. Y cuando llegó el momento de ir a la mili, vendió la moto para comprar una cámara (con la que pronto se convirtió en el fotógrafo del cuartel). Amando Casado (San Andrés de Montejos, El Bierzo, 1959) se siente de Astorga, donde vive desde los 15 años. Estudió Maestría Industrial, empezó Ingeniería Mecánica… y se aburrió. “Me tiraban la foto… y la moto”. A su admirada Cristina García Rodero la conoció en los 80, “cuando ella venía a hacer fotos de los pendones de Castrotierra”. Ella fue su primera crítica, y además le recomendó un buen maestro, Michael Wray, con quien Amando aprendió técnicas de iluminación.
En 1989 montó la agencia fotográfica Imagen MAS, con dos socios. Y en 2008 se hizo autónomo. “Quería compaginar mi trabajo con mi labor más creativa como artista”. Lo consiguió. En los últimos diez años Amando no ha parado. Sigue realizando trabajos en los ámbitos de la fotografía editorial, publicitaria, retrato, arquitectura, gastronomía, turismo… para instituciones y empresas privadas. En paralelo, ha profundizado en la reflexión teórica del hecho fotográfico, iniciando un camino muy personal que le ha llevado a realizar exposiciones (en Europa y América), pero también documentales y vídeos (con artistas, poetas y músicos), a editar varios libros con sus fotografías (convirtiéndose en editor y maquetador), y a impartir cursos por la provincia y en la Fundación Cerezales, donde sus talleres han creado escuela. También ha realizado una intensa labor de investigación y rescate de la obra de grandes fotógrafos leoneses del siglo XX (Bernardo Alonso Villarejo –a través del ILC–, Vicente Nieto Canedo –con el Ministerio de Cultura–…). “Pese al ofrecimiento, últimamente, los políticos han pasado de recuperar todo ese patrimonio histórico, fotográfico, etnográfico… que es impresionante. Les esperamos”, comenta. Gracias al editor Héctor Escobar, esa labor ha empezado a sustanciarse en la colección Eolas Foto, dirigida por el propio Casado, y en la que él mismo acaba de publicar un libro con sus retratos de los grandes escritores leoneses (“Palabra, luz, materia”). Su próximo proyecto es un volumen sobre Manuel Martín de la Madrid (Foto Exakta), “que fotografió la guerra y la posguerra”, al que seguirán las fotografías surrealistas del astorgano Ramón Núñez, las de José Pallarés (“piloto y aventurero, que fotografió la guerra civil desde su avión”).
Su trabajo le apasiona, lleva años estudiando a fondo “cuál es la esencia del hecho fotográfico”, y ha llegado a una conclusión: “La única realidad de la fotografía es la huella de luz. Con esa huella podemos expresar el mundo introspectivo, sensorial, de las experiencias vitales”. En sus disquisiciones le influyen la poesía, la música, la filosofía… “Gamoneda tiene versos que son como un tratado de fotografía, como estos, enigmáticos: ‘Vas hacia lo invisible y sabes que es real lo que no existe’. Es un poeta inagotable”.
Le gusta “trabajar en lo fronterizo, a contracorriente, explorar lo desconocido, superar el conocimiento técnico para ir hacia lo poético”. Con la cámara, o cuando va en moto, viaja sin GPS. “Es una manera de escapar. Soy un friki que va a su aire. Siempre que puedo, me cojo a mi Olga (compañera desde hace 25 años) y nos vamos por ahí. Hacemos viajes culturales, gastronómicos, poéticos…”. Así, han recorrido en moto Dinamarca, Suecia, Finlandia, Noruega, llegando hasta Cabo Norte (en el Círculo Polar), también Inglaterra, Escocia, Irlanda, Austria, Italia, Francia, Alemania… “Los autodidactas somos gente apasionada. Como nos interese algo, vamos a tope”, dice.

Carmen Coque
Para mí la fotografía es una forma ̈de ser y estar. Poder alcanzar y dominar la
capacidad de contar historias de vida con sensibilidad utilizando para ello el principal
instrumento del fotógrafo, los ojos, es un objetivo a alcanzar, un aprendizaje diario.
Siempre he pensado que las limitaciones que pueden existir en las imágenes habiten
también en mí, ya que, ¿no somos lo que vemos? Leyendo y escuchando a los grandes
maestros de este arte, he aprendido que el diálogo interior tiene que preceder a todas y cada
una de las imágenes, es por eso que me resulta difícil explicar el porqué de ellas aunque
recuerdo perfectamente dónde, cuándo y lo que sentí al ̈encerrarlas ̈. Simplemente,
apasionante.
¿Por qué el blanco y negro?, porque la vida, para mí, se viste de esta manera
adornando cada momento, bueno o malo. Nunca me he preguntado el motivo de cada escena,
estaba allí esperándome como esas señales que la vida te manda. Una de ellas un día me
señaló el nuevo camino a recorrer, y esta vez, con una cámara al cuello. Lo mejor de la
fotografía, el camino que recorres y las personas que en él están.
Docente por vocación y amante de la fotografía y el arte en general por pasión, el “acto de
mirar” se ha convertido en una “terapia” para mi desde el 2013.

Conrado
Conrado Zurdo Álvarez nace en León en 1975. Después de su paso por la Escuela de Arte se licencia en Bellas Artes en la Facultad de San Carlos de Valencia, donde estudia la técnica y la ciencia del dibujo más académico. Regresa a su tierra como profesor de Dibujo, actividad que ejerce desde entonces. Comienza en esa época una investigación personal que parte del dibujo, pasa por la pintura y poco a poco le va llevando hacia la escultura como medio de expresión. El volumen aparece entonces como el vehículo necesario para materializar su imaginario geométrico. Han pasado más de diez años desde su primera exposición de escultura. En ella presentó figuras abstractas talladas en madera de roble. En este tiempo se ha formado en las técnicas del oficio de escultor, la forja y la cantería. Ha ido incorporado la piedra y el acero a su lenguaje plástico, se hace con una fragua y empieza a trabajar el acero. Realiza algunas exposiciones más y colabora en publicaciones, así su obra va adquiriendo personalidad y presencia. En esta última temporada ha introducido el cemento como material para construir su escultura. Con la madera, el acero, la piedra o el cemento elabora un lenguaje abstracto personal y reconocible. Este posee una fuerte carga geométrica, pero también líneas orgánicas que configuran una sintaxis estética que parece hundir sus raíces en la tradición de la escultura abstracta del siglo XX. Pero, aunque se trate de arte contemporáneo, su fuente de inspiración se encuentra en el arte prehistórico. Investiga el arte paleolítico y es ahí donde va descubriendo afinidades formales y estéticas donde reside la pureza de la forma artística en su representación más básica y universal. Se trata de una investigación que no concluye, que sigue avanzando. Fluye desde lo más profundo del espíritu humano y del instinto, va dando pasos hacia alguna parte desconocida. Pasos que van dejando un rastro en el tiempo en forma de esculturas que no son otra cosa que un estadio intermedio entre el trabajo anterior y el que está por venir.

Cosme Paredes
Las memorias de Cosme son una de esas duras historias que se repiten demasiado a menudo en estos tiempos pero que en su caso dejan buen sabor de boca. Con un ritmo pausado, un suave acento ecuatoriano y mucha emoción, el escultor relata como su vida dio un vuelco a raíz del fallecimiento de su maestro Oswaldo Guayasamín, uno de los grandes artistas ecuatorianos del siglo XX y con el que había colaborado durante treinta años. Fue entonces cuando decidió abandonar su país de origen, Ecuador, y trasladarse a Europa en busca de una salida a su precaria situación. Desde allí voló a Alemania donde restauró un colegio de artes con estructura de hierro en Friburgo. Residió durante un año en el país germano antes de trasladarse a Madrid. Una vez en España, su mujer encontró trabajo en León y él la acompañó en su peregrinaje. Llevó a cabo diferentes trabajos relacionados con el hierro, incluido el trabajo mano a mano con el también escultor José Ajenjo en la realización del Quijote de gran envergadura que se puede visitar en Mansilla de las Mulas. Allí conoció a Amancio González, quien le abrió las puertas de su taller y le animó a continuar ejerciendo su gran pasión, la escultura. Tras vender una de las obras de su maestro Guayasamín que había viajado con él durante todo este tiempo, Cosme se atrevió a volar por sí mismo y desde entonces no ha parado de trabajar. Comenzó aplicando la misma técnica de chapa de hierro repujada que utilizaba con Guayasamín pero poco a poco ha ido evolucionando en busca de un estilo más personal. Ferviente admirador de Picasso y su famosísimo Guernica, Paredes milita en los límites de la estética cubista, jugando con la intersección de planos y volúmenes con los que crea su personal animalario, especialmente las representaciones de toros y caballos entre las que destaca una enorme pieza de 300 kilos llamada Descarado. El cuidado acabado que tenían anteriormente sus esculturas han dado paso a una estudiada superposición de chapas con formas geométricas colocadas a modo de collage, creando un juego de luces y sombras que da mayor volumen y expresividad a las piezas.
 
Javier Robles
Javier Robles es uno de esos escasos ejemplos en los que el azar y la vida le brindan una nueva oportunidad de conocerse mejor, contemplando sus trabajos he de reconocer que en ellos se puede intuir el potencial de un buen escultor, da la sensación ateniéndome a sus escasos datos biográficos relativos a la Escultura que esas ideas hubieran estado en su cabeza durante años esperando una oportunidad para salir.
El primer contacto serio de Javier con el arte se produce a los 18 años en la Escuela de Arte de Oviedo donde se especializó en Dibujo Publicitario, pero cuenta ya con 54 años cuando decide tomar lecciones de cerámica en el taller que Alfonso Montiel tiene en Trobajo del Camino, y es aquí donde comienzan a salir con una facilidad asombrosa sus primeros trabajos escultóricos. Son piezas realizadas en cerámica parcialmente esmaltadas y en ellas Javier deja patente que tiene una intuición escultórica muy clara, siendo la primera característica que como espectadores nos llama la atención, la utilización de un único y personal lenguaje.
Javier es sin duda un escultor figurativo muy alejado de los cánones a los que la realidad nos tiene acostumbrados, sus personajes han sido simplificados al máximo, da la sensación de que exprime todo lo que puede la forma orgánica hasta transformarla en geometrías complejas que son capaces aún de albergar el calor que necesita la forma para transmitir al espectador una emoción vital y cercana.
Cada una de estas geometrías constituyen una invitación personal a cada espectador para entrar en su cuarto oscuro, un cuarto repleto de esculturas que pretenden sobresaltarnos con elementos y afectos que forman parte de la vida cotidiana, un mundo cercano, la casa, la familia, el parque. Estos elementos son sus principales fuentes de inspiración y no escatima esfuerzos para recrearnos escenas que ya hemos vivido pero que al verlas interpretadas por Javier vuelven de nuevo a golpear nuestra memoria.

Jesús F. Salvadores
(Benavides de Órbigo, León, 1975).
Nieto de un hojalatero y un labrador y sus respectivas esposas igual de trabajadoras, en 1992 sale del seminario sin un rasguño, más allá de los accidentes deportivos, para estudiar en la Escuela de Artes y Oficios de León, donde los primeros contactos con la “argéntica mafia” de la artesanía y la poesía escrita con luz le hacen reflexionar sobre su idea primigenia de dedicarse a la arquitectura.
Posteriormente se forma en la Escuela de Arte de Oviedo obteniendo el título de Técnico Superior en Fotografía, aunque el título es lo de menos, puesto que lo más importante fue conocer y aprender de profesores, amigos y compañeros asturianos, que para ser fotógrafo, además de dominar la teoría y la práctica, hay que tener respeto a uno mismo y a los demás, ser digno del hermoso oficio al que vas a dedicar tu vida y, por supuesto, asumir la responsabilidad que conlleva. Como los paisanos.
Fotógrafo de profesión y de corazón, desde 1998 forma parte de la plantilla de redactores gráficos del Diario de León, trabajo remunerado que compagina con proyectos personales de índole más artístico, más libre e igual de crítico.
Desde 1995 no ha dejado de escribir con luz.
Ha realizado cursos de especialización con grandes maestros de la fotografía contemporánea nacional e internacional, además de recibir algunos premios y publicar sus fotografías en diarios de actualidad, revistas y libros, y también alguna que otra exposición.
La fotografía que está usted leyendo forma parte del proyecto “La Huida. Peregrinos del siglo XXI”, cuya exposición fue presentada en 2019 por el ILC y perteneciente al libro del mismo título editado por Eolas Ediciones.
 
José Luís Casas
Pensar el espacio desde la vida, desde la soledad y el silencio roto por los rumores de la brisa.
Pensar el espacio es como caminar en la niebla donde no hay sitio para el aire; y seguir el sendero que solo vislumbras bajo tus pies.
El espacio surge de los elementos, ellos lo nombran.
Tú, yo, lo transformas.
El espacio transformado.
Pensar el espacio hay que hacerlo vacío de sentimientos para que, en un instante, se conjuguen, se articulen en ese espacio.
 
Juan Carlos Uriarte
"El entorno siempre modifica la esencia y el aroma del desarrollo natural; nos conduce a observar la tierra con el instinto que ahoga la delicada materia. La unión fortalece las pequeñas cosas, y las convierte en sólidos pensamientos difíciles de olvidar. La salud del ambiente surge de ideas creativas que conmueven. Valioso proceso de reciclaje que cuida la mejoría elaborando cualidades excelentes, y cambiando el carácter inicial por un avance que florece de la nada. Preciado pensamiento que mira al futuro con madurez, sin alterar su razón de ser".

Julia D. Velázquez
“Yerma”
Serie: “las simples cosas “
Fotografía de objeto encontrado transformado. Creados para ser, creados para multiplicarnos, creados para contribuir a un ciclo infinito…” las simples cosas” reflexiona sobre la naturaleza en su concepto más básico, la vida que engendra vida.
 
Julia G. Liébana
Cuando era niña me encantaba pintar con acuarelas y guaches; siempre soñaba que de mayor sería pintora, pero después de realizar de forma casual un curso de fotografía analógica, me quedé cautivada por la magia de los haluros de plata y los reveladores.
Durante muchos años he compaginado mi profesión con mi pasión: la fotografía creativa. Ahora tengo la suerte de disfrutar de la fotografía a tiempo completo.
Aunque básicamente he sido autodidacta, también me ha interesado formarme asistiendo a talleres o seminarios con fotógrafos que me han entusiasmado. Entre ellos, he tenido la suerte de conocer y asistir a varios seminarios con dos mujeres a las que admiro tanto como fotógrafas como en lo personal: Isabel Muñoz y Ouka Leele.
Los iconos y obras de la fotografía con un significado especial para mí han sido: “Los paisajes únicos” de Ansel Adams, “El instante decisivo” de Henri Cartier-Bresson, los retratos de Richard Avedon y el surrealismo de Chema Madoz, entre otros. Además de fotógrafos del siglo XX como Irving Peen, André Kertesz o Sara Moon.
En mi trayectoria como fotógrafa, siempre ha habido una experimentación y una búsqueda constante. Creo que como bien ha dicho algún creador, tanto en la fotografía como en cualquier forma de arte, siempre hay una proyección de tu mundo interior hacia el exterior y siempre hay una búsqueda y un redescubrimiento de uno mismo.
 
marc GreenBase
Son las personas las que cuentan la historia más íntima de nuestras ciudades y una de las herramientas para que esa historia no se olvide es la fotografía callejera. Por eso me apasiona. Antes de coger una cámara entre mis manos siempre me atrajeron las fotos antiguas en las que aparecían personas. Me parecía mágico ese halo de misterio en sus miradas, que contactan con nuestros ojos a través del tiempo.
A finales del 2013 apareció la fotografía en mi vida y desde ese momento se han cambiado los papeles. Ahora soy yo el que se dedica a coleccionar momentos, a capturar miradas, gestos que pasan desapercibidos entre el bullicio de la ciudad. Se podría decir que soy un intermediario, un hilo conductor, entre la mirada que capturo en una fotografía y nuevos ojos con los que seguirán cruzándose a lo largo del tiempo.

Mario Castro Baro
(Madrid, 1987)
Es un artista radicado en León que emplea la fotografía como vínculo de conexión entre la mente y la naturaleza, en tanto que constituya un medio deliberado de aproximarse hacia las capas más profundas y arcaicas de la psicología. Su fascinación hacia los mitos y deidades construidos por el ser humano desde la antigüedad, le impulsa a indagar en diferentes culturas y a recorrer los parajes en donde antaño tuvo cabida lo anímico, lo oculto y lo imaginario; predispuesto a contemplar el espectáculo onírico que la naturaleza puede de ofrecerle a nuestros sentidos. Mediante esta búsqueda, desde los territorios del sueño y la vigilia, construye los símbolos que van moldeando su universo interior. Así, materia y forma, sustancia e idea, se sintetizan en un único e indisoluble acto de trascendencia a través de su obra.
 
Santocildes
DESDE LA RAIZ.
Este viaje parte de la raíz, del principio. Pasa por todo el cuerpo, recorre toda el
alma. Como un tren sin vías, echando humo, saliendo de un túnel. Un ruido
ensordecedor, loco, duro, que casi arde. Devastándolo todo llega al destino, una
boca grande donde lo expulsa sordo. El que lo ve, sólo lo adivina por el gesto. El artista
además, lo oye. Pero sólo dura unos segundos.
 
Sebastián Román
Creo que existe algo en aquel taller –quizás sea el lugar más personal y que mejor define a un artista- que yo no puedo ver de la misma manera que lo hace él. Se disculpa por el desorden, en absoluto soy consciente de ello, -aunque tampoco soy capaz de ubicar todos los objetos de la habitación-, pero pronto me doy cuenta de que ahí se encuentra todo lo que Sebastián necesita para llevar a cabo su trabajo; Hay objetos diseccionados que me impiden adivinar que fueron primero, otros esperan su momento para ser desgajados. Los que saben que están a salvo son pocos, una radio, una cámara y un ordenador, cómplices del trabajo solitario de creación.
En mitad de aquel cementerio electrónico, un trípode sostiene una cámara preparada para disparar. Está mirando atentamente y de manera ininterrumpida una pequeña ciudad, un compendio de piezas que primeramente no tenían sentido alguno, y que el artista ha ordenado de tal manera que han cobrado lógica –incluso vida- como un pequeño Frankenstein. El creador la observa detenidamente y la coloca sobre el escenario, la gira hasta encontrar su localización en el mapa, la ilumina como elige el día o la noche a su antojo y la atavía en medio de paisajes tan desoladores como sugerentes.
Existe un brillo en la mirada del creador que intento razonar, pero sé que forma parte de un momento en donde la pieza y el artista están alejados de mí, como si de otro planeta se tratase. Pensaba que Llamando a la tierra era un mensaje desde la misma y resulta que en sí mismo es algo extraterrestre. Como si el taller de Sebastián Román no estuviera en Miñambres de la Valduerna y se encontrara en Marte. Y yo, de manera privilegiada he viajado al planeta de la imaginación de otra persona.

Vega
Por su cámara ha pasado gran parte del panorama cultural y social de la ciudad de León. Muchas de sus fotografías han sido utilizadas para medios y publicaciones de carácter nacional, tanto editoriales como musicales y su trabajo ha sido reconocido en varios certámenes y concursos fotográficos. Influenciado por la fotografía documental de la segunda mitad del siglo XX, su puesta en escena se caracteriza por la sencillez narrativa y su concisión a la hora de captar ambientes, lugares y personajes. Aunque cultiva varios géneros y temas diferentes, destaca especialmente por sus retratos, directos, íntimos, crudos en ocasiones, en los que la cercanía y la complicidad que establece con el sujeto y su entorno reflejan un gran dominio de la proximidad, de la situación y de la técnica fotográfica. En marzo del 2015 publica el libro “La mirada cercana” Editorial EOLASFOTO. Un recorrido cronológico a través de 130 imágenes desde 1985 hasta el 2015. Un libro de autor, una edición mimada, salida de los talleres de Gráficas Celarayn y centrada exclusivamente en el retrato en blanco y negro.
 

Descargas Relacionadas:
Programa Escultura y fotografía.pdf    
Ayuntamiento de León, Av. Ordoño II nº 10, 24001, León         Tlfno centralita: 987 895 500       Atencion ciudadana: 010
condiciones legales   |    accesibilidad   |   Contacto